Hablamos con Mélida, la esposa de Antonio Ashibatri, en el recorrido que hicimos con Lusbi Portillo (travesÃa que jamás el G2 cubano llegará a creer que no fue intencional seguirle los pasos a los miembros de la Comisión de Demarcación), y que nos llevó a la comunidad de BagkúbarÃ. AllÃ, mientras los demás conversaban con Lusbi de su experiencia con la Comisión, Mélida me relataba una y otra vez que: cuando llegaron los agrimensores de la Comisión de Demarcación de los territorios indÃgenas, ella les insistÃa en que debÃan pasar a medir la Hacienda conocida como “El BohÃoâ€. El hombre, una y otra vez le decÃa que eso no podÃa ser, pues, en esa hacienda se producÃa mucho queso, mucha leche, mucha carne. Mélida no entendÃa esas razones y, por eso, insistÃa: ¡Vayan a medir El BohÃo! Y, el hombre que no, que allà se producÃa mucha leche, mucha carne, mucho queso. Hasta que, cansada de escuchar la misma respuesta –me dice: ¡Ya no aguanté más y cuando me lo volvió a decir, le dÃ, duro por el pecho.
El hombre, por supuesto, desconocÃa (y no tenÃa por qué saberlo), que “El BohÃoâ€, hoy una gran hacienda que, efectivamente, es productora de carne, leche y queso fue, antes que nada, el centro desde el cual partÃan los territorios de la comunidad de BagkúbarÃ. Allà aún pueden localizarse los palos centrales del antiguo “bohÃo†o Suagkaëg (casa colectiva), de esa comunidad. Allà permanecen, quemados por los antiguos colonos, pero marcando en la memoria de Mélida, Ashibatri, JoaquÃn Arostomba y todos los que pelearon contra la invasión labaddó (entiéndase: gringos, soldados y criollos; en definitiva: blancos), que tal es territorio de esa comunidad, por tanto, hoy justamente lo reclaman.
Por su parte, Mélida tampoco entendÃa por qué el perito encargado de la medición sólo atinaba a negarse a entrar a la hacienda El BohÃo con el argumento de que allà habÃa: mucho queso, mucha carne, mucha leche. Por eso, hastiada de escuchar la misma respuesta negativa ante lo que considera de natural justicia, Mélida no soportó más y le “dio, fuerte, por el pechoâ€. Imagino que el golpe fue terrible para el hombre, pues, estas mujeres son capaces de cargar en su espalda unos tres racimos de plátano atados a su cabeza, mientras en el pecho cuelgan sus bebés y, aún, son capaces de cargar en sus manos un manojo de yuca. Vale decir, se trata de mujeres muy, pero muy fuertes.
Pero, lo que tanto Mélida como el perito encargado no sabÃan es que ambos: la de la exigencia y el de la negativa, se estaban soportando en cosmovisiones radicalmente diferentes. Para Mélida se trataba de la recuperación del espacio territorial perdido sólo después de una guerra en la que la gente de Bagkúbarà se encontraba en absoluta desventaja; luego del asesinato indiscriminado y masivo de sus parientes y aliados. Para el agrimensor, se trataba de defender los “derechos†asumidos por el Estado y, en consecuencia, la defensa de los “derechos†del actual hacendado, cuya “productividad†es la marca definida por el mismo Estado como único baremo para el actual proceso de demarcación y, que él debÃa, a toda costa, proteger. En otras palabras, Mélida pensaba en la defensa de sus conucos de yuca y plátano para el consumo de la comunidad. El agrimensor pensaba en la defensa del consumo nacional y, por ende, del mercado. Mélida pensaba en la economÃa de subsistencia. El agrimensor, en la economÃa de la oferta y la demanda: en el capitalismo. He allà el debate real.
Lo que nunca han querido reconocer (tramposamente) intelectuales “pegados†a la “revolución†chavista (léase: José Saramago, Eduardo Galeano y el propagandista Heinz Dietrich) es que, el dedo sobre la llaga de la supuesta revolución no lo está hundiendo George Bush, pues, sólo basta mirar las estadÃsticas que el propio gobierno públicamente ofrece para percatarse de cómo ha crecido en los últimos ocho años el intercambio comercial entre Venezuela y los Estados Unidos en el que, por supuesto, el superavit no se lo lleva, precisamente, Venezuela. Basta con releer un tantito los periódicos oficialistas o “escuálidos†para precisar, cómo en medio de los ataques a Afganistán e Irak la “revoluciónâ€, por boca de su jefe, lamentaba la muerte de niños afganos e irakÃes pero, por boca del ministro petrolero y presidente de la petrolera nacional (PDVSA), se garantizaba el suministro petrolero diario a los Estados Unidos.
Por otro lado, la encrucijada de la llamada “revolución†chavista no se encuentra en la posibilidad de que la “oposición†sea capaz de aglutinarse alrededor de un candidato único que le dispute a Chávez la silla presidencial y, mucho menos, en la cacareada e “inminente confrontación†con el imperio norteamericano con George Bush a la cabeza, leyenda cansadamente proclamada por “el lÃderâ€.
En verdad, la real encrucijada de la “revolución “ chavista la están marcando desde hace rato, los pueblos y comunidades indÃgenas y las comunidades pobres oriundas del campo venezolano hoy presentes en las barriadas más pobres de las principales ciudades de la república. Y esto es asÃ, por cuanto se trata de poblaciones humanas culturalmente diferentes, organizadas a partir de principios que terminan confrontados, tanto con el liberal capitalismo, como con el denominado socialismo, sea éste etiquetado como “socialismo real†o, el inventado por Chávez: “socialismo del siglo XXIâ€. En todo caso, se trata de la confrontación de dos modos civilizatorios y societarios radicalmente contrapuestos y, que en estos momentos, entran en rigurosa batalla: los unos por su sobrevivencia; los otros, por su hegemonÃa.
La negación a cumplir con la autodemarcación realizada por las comunidades indÃgenas y, en la que evidencian la historia del despojo territorial del que han sido vÃctimas, so pretexto de que ya en tales espacios se encuentran asentadas haciendas “productivas†o, se localizan lotes de minas entregadas (sin consulta previa a las comunidades afectadas) a transnacionales, pone en evidencia el verdadero carácter capitalista, globalizador y neoliberal del gobierno pretendida y autoproclamado como “revolucionario†y “socialistaâ€.
Cuando Mélida reclama para su comunidad los derechos sobre la ahora llamada hacienda “El BohÃo†lo hace desde su perspectiva de visión según la cual, tal es el punto de origen de la comunidad. El espacio que los define histórica y ancestralmente como barà y como comunidad. Por su mente no pasan las toneladas de carne, litros de leche o guacales de queso que el personero gubernamental defiende; por el contrario, ella piensa en la historia que hizo posible su particular historia: la casa comunitaria, el suagkaëg; por tanto, su rabia traducida en el golpe al pecho del agrimensor es manifestación de la impotencia en hacerse comprender, en la imposibilidad de hacer comprender al funcionario del gobierno y al gobierno mismo que, lo que los barà exigen es, respeto al derecho a ser autónomos, a su dignidad y a la libertad de ser, ahora y para siempre, barÃ. Sin embargo, la decisión del gobierno parece estar tomada y, nada tiene que ver con las aspiraciones de Mélida o el resto de los barà y pueblos indÃgenas de Venezuela.
Por otro lado, lo que el gobierno no dice (y el agrimensor tampoco tiene por qué saberlo), es que casi el 80% del subsuelo del territorio barà contiene las principales minas de carbón y, que a sus espaldas, ya han sido otorgadas en concesión a transnacionales norteamericanas, chilenas, brasileñas y surafricanas; en la continuidad de una polÃtica neo-colonial que ha terminado por definirnos como una especie de campo minero-extractivo, a pesar de que, está demostrado, tal polÃtica destruye nuestras posibilidades futuras de agua, producción agropecuaria, soberanÃa alimentaria y, en fin, de vida. Pero, en su defecto, y este parece ser el pensamiento sobre el que se sustenta la “revolución†chavista, produce dólares inmediatos, susceptibles de entrar en circulación bajo supuestos programas sociales o, mejor dicho, bajo programas populistas que profundizan la dependencia de las comunidades del Estado y por esa misma vÃa de las transnacionales.
De tal manera que lo que en estos momentos se está planteando, no es la confrontación electoral entre la opción continuista, hegemónica y autoritaria de Chávez contra la oposición derechista, cuarta-republicana e imperialista de Manuel Rosales, no. En verdad, el debate subterráneo, ocultado tanto por el gobierno como por la oposición partidista, es el que plantean las comunidades indÃgenas venezolanas en la lucha por sus territorios. Pues, lo que éstas están poniendo sobre la mesa de las definiciones no es sólo su derecho a un espacio geográfico donde sustentar sus vidas, sino fundamentalmente, una manera de entender la vida del mundo y con él la futura vida de la sociedad, de nuestra sociedad.
AsÃ, mientras los gobiernos (aún el de la llamada “revolución†bolivariana) piensan en términos del mercado mundial, la productividad, la exportación de materias primas en bruto, la captación de inversiones transnacionales, etcétera, en función de un mÃtico “crecimiento económico†entendido como única vÃa para salir de la pobreza, las comunidades; en cambio, defienden a muerte sus espacios en virtud de su autonomÃa de producción, su soberanÃa agroalimentaria; es decir, la continuidad de sus economÃas de subsistencia. Pero, sobre todo, la posibilidad de sostener sus formas de convivencia en consonancia con lo que ha constituido por siempre sus respectivas cosmovisiones.
En fin de cuentas, se trata de que los Barà de la Sierra de Perijá han colocado en el disparadero a la “revolución†chavista y a los supuestos “revolucionarios†que la dirigen. Para Chávez el enemigo no es Manuel Rosales, ni Carlos Ortega ni mucho menos George Bush. Para Chávez el verdadero enemigo, el que en verdad le quita el sueño pues lo deslengua de manera definitiva y contundente es Mélida, Antonio Ashibatri, JoaquÃn Arostomba, Ignacio de Kumanda, MarÃa Askambio y todos los barà que, no sólo están dispuestos a morir por sus tierras, sino por hacer posible un paÃs en el que se respete la pluralidad de naciones y, por tanto, la pluralidad de economÃas que lo conforman.
Es eso lo que está en el fondo del debate por la demarcación de los territorios indÃgenas. Verlo de otra manera o, no entender que de eso se trata, nos aleja del verdadero objetivo estratégico de la lucha que Mélida, con su insistencia y su rabia, ha intentado enseñarnos, no sólo como su único e irrenunciable camino, sino como nuestra propia posibilidad de sobrevivencia.
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III. Lo que está en el fondo
@ domingo, sep. 17, 2006 – 08:36:21
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III. Lo que está en el fondo
@ miércoles, sep. 13, 2006 – 19:01:46
III. Lo que está en el fondo
Mélida, la esposa de Antonio Ashibatri, en el recorrido que hice con Lusbi Portillo. TravesÃa que jamás, el G2 cubano llegará a creer que no fue intencional seguirle los pasos a los miembros de la Comisión de Demarcación, pero que nos llevó a la comunidad de BagkúbarÃ. AllÃ, mientras los demás conversaban con Lusbi de su experiencia con la Comisión, Mélida me relataba una y otra vez que: cuando llegaron los agrimensores de la Comisión de Demarcación de los territorios indÃgenas, ella les insistÃa en que debÃan pasar a medir la Hacienda conocida como “El BohÃoâ€. El hombre, una y otra vez le decÃa que eso no podÃa ser, pues, en esa hacienda se producÃa mucho queso, mucha leche, mucha carne. Mélida no entendÃa esas razones y, por eso, insistÃa: ¡Vayan a medir El BohÃo! Y, el hombre que no, que allà se producÃa mucha leche, mucha carne, mucho queso. Hasta que, cansada de escuchar la misma respuesta –me dice: ¡Ya no aguanté más y cuando me lo volvió a decir, le dÃ, duro por el pecho.
El hombre, por supuesto, desconocÃa (y no tenÃa por qué saberlo), que “El BohÃoâ€, hoy una gran hacienda que, efectivamente, es productora de carne, leche y queso fue, antes que nada, el centro desde el cual partÃan los territorios de la comunidad de BagkúbarÃ. Allà aún pueden localizarse los palos centrales del antiguo “bohÃo†o Suagkaëg (casa colectiva), de esa comunidad. Allà permanecen, quemados por los antiguos colonos, pero marcando en la memoria de Mélida, Ashibatri, JoaquÃn Arostomba y todos los que pelearon contra la invasión labaddó (entiéndase: gringos, soldados y criollos; en definitiva: blancos), que tal es territorio de esa comunidad, por tanto, hoy justamente lo reclaman.
Por su parte, Mélida tampoco entendÃa por qué el perito encargado de la medición sólo atinaba a negarse a entrar a la hacienda El BohÃo con el argumento de que allà habÃa: mucho queso, mucha carne, mucha leche. Por eso, hastiada de escuchar la misma respuesta negativa ante lo que considera de natural justicia, Mélida no soportó más y le “dio, fuerte, por el pechoâ€. Imagino que el golpe fue terrible para el hombre, pues, estas mujeres son capaces de cargar en su espalda unos tres racimos de plátano atados a su cabeza, mientras en el pecho cuelgan sus bebés y, aún, son capaces de cargar en sus manos un manojo de yuca. Vale decir, se trata de mujeres muy, pero muy fuertes.
Pero, lo que tanto Mélida como el perito encargado no sabÃan es que ambos: la de la exigencia y el de la negativa, se estaban soportando en cosmovisiones radicalmente diferentes. Para Mélida se trataba de la recuperación del espacio territorial perdido sólo después de una guerra en la que la gente de Bagkúbarà se encontraba en absoluta desventaja; luego del asesinato indiscriminado y masivo de sus parientes y aliados. Para el agrimensor, se trataba de defender los “derechos†asumidos por el Estado y, en consecuencia, la defensa de los “derechos†del actual hacendado, cuya “productividad†es la marca definida por el mismo Estado como único baremo para el actual proceso de demarcación y, que él debÃa, a toda costa, proteger. En otras palabras, Mélida pensaba en la defensa de sus conucos de yuca y plátano para el consumo de la comunidad. El agrimensor pensaba en la defensa del consumo nacional y, por ende, del mercado. Mélida pensaba en la economÃa de subsistencia. El agrimensor, en la economÃa de la oferta y la demanda: en el capitalismo. He allà el debate real.
Lo que nunca han querido reconocer (tramposamente) intelectuales “pagados†por la “revolución†chavista (léase: José Saramago, Eduardo Galeano y el más espectacular por idiota: Heinz Dietrich) es que, el dedo sobre la llaga de la supuesta revolución no lo está hundiendo George Bush, pues, sólo basta mirar las estadÃsticas que el propio gobierno públicamente ofrece para percatarse de cómo ha crecido en los últimos ocho años el intercambio comercial entre Venezuela y los Estados Unidos en el que, por supuesto, el superavit no se lo lleva, precisamente, Venezuela. Basta con releer un tantito los periódicos oficialistas o “escuálidos†para precisar, cómo en medio de los ataques a Afganistán e Irak la “revoluciónâ€, por boca de su jefe, lamentaba la muerte de niños afganos e irakÃes pero, por boca del ministro petrolero y presidente de la petrolera nacional (PDVSA), se garantizaba el suministro petrolero diario a los Estados Unidos.
Por otro lado, la encrucijada de la llamada “revolución†chavista no se encuentra en la posibilidad de que la “oposición†sea capaz de aglutinarse alrededor de un candidato único que le dispute a Chávez la silla presidencial y, mucho menos, en la cacareada e “inminente confrontación†con el imperio norteamericano con George Bush a la cabeza, leyenda cansadamente proclamada por “el lÃderâ€.
En verdad, la real encrucijada de la “revolución “ chavista la están marcando desde hace rato, los pueblos y comunidades indÃgenas y las comunidades pobres oriundas del campo venezolano hoy presentes en las barriadas más pobres de las principales ciudades de la república. Y esto es asÃ, por cuanto se trata de poblaciones humanas culturalmente diferentes, organizadas a partir de principios que terminan confrontados, tanto con el liberal capitalismo, como con el denominado socialismo, sea éste etiquetado como “socialismo real†o, el inventado por Chávez: “socialismo del siglo XXIâ€. En todo caso, se trata de la confrontación de dos modos civilizatorios y societarios radicalmente contrapuestos y, que en estos momentos, entran en rigurosa batalla: los unos por su sobrevivencia; los otros, por su hegemonÃa.
La negación a cumplir con la autodemarcación realizada por las comunidades indÃgenas y, en la que evidencian la historia del despojo territorial del que han sido vÃctimas, so pretexto de que ya en tales espacios se encuentran asentadas haciendas “productivas†o, se localizan lotes de minas entregadas (sin consulta previa a las comunidades afectas) a transnacionales, pone en evidencia el verdadero carácter capitalista, globalizador y neoliberal del gobierno pretendida y autoproclamado como “revolucionario†y “socialistaâ€.
Cuando Mélida reclama para su comunidad los derechos sobre la ahora llamada hacienda “El BohÃo†lo hace desde su perspectiva de visión según la cual, tal es el punto de origen de la comunidad. El espacio que los define histórica y ancestralmente como barà y como comunidad. Por su mente no pasan las toneladas de carne, litros de leche o guacales de queso que el personero gubernamental defiende; por el contrario, ella piensa en la historia que hizo posible su particular historia: la casa comunitaria, el suagkaëg; por tanto, su rabia traducida en el golpe al pecho del agrimensor es manifestación de la impotencia en hacerse comprender, en la imposibilidad de hacer comprender al funcionario del gobierno y al gobierno mismo que, lo que los barà exigen es, respeto al derecho a ser autónomos, a su dignidad y a la libertad de ser, ahora y para siempre, barÃ. Sin embargo, la decisión del gobierno parece estar tomada y, nada tiene que ver con las aspiraciones de Mélida o el resto de los barà y pueblos indÃgenas de Venezuela.
Por otro lado, lo que el gobierno no dice (y el agrimensor tampoco tiene por qué saberlo), es que casi el 80% del subsuelo del territorio barà contiene las principales minas de carbón y, que a sus espaldas, ya han sido otorgadas en concesión a transnacionales norteamericanas, chilenas, brasileñas y surafricanas; en la continuidad de una polÃtica neo-colonial que ha terminado por definirnos como una especie de campo minero-extractivo, a pesar de que, está demostrado, tal polÃtica destruye nuestras posibilidades futuras de agua, producción agropecuaria, soberanÃa alimentaria y, en fin, de vida. Pero, en su defecto, y este parece ser el pensamiento sobre el que se sustenta la “revolución†chavista, produce dólares inmediatos, susceptibles de entrar en circulación bajo supuestos programas sociales o, mejor dicho, bajo programas populistas que profundizan la dependencia de las comunidades del Estado y por esa misma vÃa de las transnacionales.
De tal manera que lo que en estos momentos se está planteando, no es la confrontación electoral entre la opción continuista, hegemónica y autoritaria de Chávez contra la oposición derechista, cuarta-republicana e imperialista de Manuel Rosales, no. En verdad, el debate subterráneo, ocultado tanto por el gobierno como por la oposición partidista, es el que plantean las comunidades indÃgenas venezolanas en la lucha por sus territorios. Pues, lo que éstas están poniendo sobre la mesa de las definiciones no es sólo su derecho a un espacio geográfico donde sustentar sus vidas, sino fundamentalmente, una manera de entender la vida del mundo y con él la futura vida de la sociedad, de nuestra sociedad.
AsÃ, mientras los gobiernos (aún el de la llamada “revolución†bolivariana) piensan en términos del mercado mundial, la productividad, las exportación de materias primas en bruto, la captación de inversiones transnacionales, etcétera, en función de un mÃtico “crecimiento económico†entendido como única vÃa para salir de la pobreza, las comunidades; en cambio, defienden a muerte sus espacios en virtud de su autonomÃa de producción, su soberanÃa agroalimentaria; es decir, la continuidad de sus economÃas de subsistencia. Pero, sobre todo, la posibilidad de sostener sus formas de convivencia en consonancia con lo que ha constituido por siempre sus respectivas cosmovisiones.
En fin de cuentas, se trata de que los Barà de la Sierra de Perijá han colocado en el disparadero a la “revolución†chavista y alos supuestos “revolucionarios†que la dirigen. Para Chávez el enemigo no es Manuel Rosales, ni Carlos Ortega ni mucho menos George Bush. Para Chávez el verdadero enemigo, el que en verdad le quita el sueño pues lo deslengua de manera definitiva y contundente es Mélida, Antonio Ashibatri, JoaquÃn Arostomba, Ignacio de Kumanda, MarÃa Askambio y todos los barà que, no sólo están dispuestos a morir por sus tierras, sino por hacer posible un paÃs en el que se respete la pluralidad de naciones y, por tanto, de pluralidad de economÃas que lo conforman.
Es eso lo que está en el fondo del debate por la demarcación de los territorios indÃgenas. Verlo de otra manera o, no entender que de eso se trata, nos aleja del verdadero objetivo estratégico de la lucha la que Mélida, con su insistencia y su rabia, ha intentado enseñarnos, no sólo como su único e irrenunciable camino, sino como nuestra propia posibilidad de sobrevivencia. -
II. El Camino de Kumanda
@ martes, sep. 12, 2006 – 15:14:07
II. Los hechos: el camino de Kumanda
El 11 de octubre de 2005 una movilización de indÃgenas barÃ, yukpa y wayuu del Zulia llegó a Caracas para solicitar una entrevista con el Presidente de la República. En ella esperaban solicitar la derogación de todas las concesiones minero-carbonÃferas que tanto éste, como anteriores gobiernos otorgaron a empresas transnacionales en sus territorios aún no demarcados según lo establecido por la Constitución.
Chávez no los atendió. Dicen que se encontraba ocupado atendiendo nada menos que a Diego Armando Maradona. Sin embargo, la protesta indÃgena fue cubierta por los diferentes medios de comunicación. Esperanzadas, las comunidades esperaron por alguna respuesta del presidente, especialmente, porque al dÃa siguiente serÃa la conmemoración del 12 de octubre. En efecto, Chávez habló, pero no para referirse a las exigencias de los indÃgenas del Zulia, a éstos ni los mencionó. En su defecto y, en una hábil maniobra lanzó su decreto de expulsión de las nuevas tribus del paÃs. En el mismo contexto, Chávez hizo entrega de supuestos tÃtulos de tierra a algunas comunidades Kariña en el oriente del paÃs. Por esta vÃa, no sólo se quitaba de encima la protesta de los indÃgenas del Zulia, sino que aparentaba un acto de soberanÃa con la expulsión de los “religiosos†norteamericanos y aparentaba avanzar en el cumplimiento del mandato constitucional de demarcar y titular a las comunidades indÃgenas de sus territorios.
La opinión pública incluyendo la de intelectuales como Mosonyi y otros vinculados a esa vieja lucha contra estos supuestos religiosos se volcaron a opinar, aplaudir y saludar la decisión presidencial, pero de la lucha de los indÃgenas del Zulia contra la violación de sus territorios entregados a transnacionales carboneras no dijeron ni una sola palabra. Los diputados indÃgenas plegados al partido de gobierno pero que se mantienen a espaldas de las luchas de sus propios hermanos, también callaron y siguen callando. En fin, la salida de Chávez tuvo su efecto: la lucha y movilización de los indÃgenas del Zulia salió de los medios y fue sustituida por los que hablaban a favor o en contra de las Nuevas Tribus.
Sin embargo, a poco tiempo de haber sido entregados los tÃtulos a los Kariña, éstos se vieron en la obligación de impulsar demandas sobre terceros presentes en los espacios que les fueron reconocidos. Esta demanda de los Kariña se ha topado con un obstáculo insalvable jurÃdicamente, pues, el propio tÃtulo entregado por Chávez, reconoce y deja claro que “Los derechos legÃtimamente adquiridos por terceros y las actividades que en virtud de ello desarrollen, dentro del área demarcada, se ejercerán con estricta sujeción a la Constitución y a las leyes de la Repúblicaâ€. En otras palabras, es en el propio tÃtulo de propiedad donde el Estado les obliga a aceptar la presencia e intervención de terceros sobre sus tierras, desconociendo asà la larga historia de despojo territorial que todos los pueblos indÃgenas han sufrido y, por el contrario, se legaliza tal despojo.
Por si fuera poco y en el mismo documento se establece que: “La explotación y aprovechamiento de los minerales y recursos del subsuelo propiedad del Estado se hará sin lesionar la integridad cultural, social y económica de la Comunidad...de conformidad con lo previsto en la Constitución y en la ley, asà como en los convenios suscritos y ratificados por la Repúblicaâ€. En otras palabras, la presencia indÃgena sobre sus tierras está sujeta a la conveniencia económica del Estado en cuanto a la explotación de recursos presentes en el subsuelo, el cual se reserva como propiedad, pero además la sujeta a convenios internacionales (llámese concesiones) que el Estado haya firmado con transnacionales o gobiernos extranjeros, para lo cual, hasta ahora, jamás se ha consultado previamente a las comunidades afectadas. Por otro lado, la mencionada cláusula presente en el tÃtulo chimbo otorgado a los Kariña no señala cómo se hará posible que una explotación minera no afecte a la comunidad. Es evidente que se trata de un falso discurso, perversamente demagógico. En fin, el acto de supuesta reivindicación al pueblo Kariña y el tÃtulo que les fue entregado no se corresponde sino con una farsa que, no sólo burla a la comunidad sino que viola flagrantemente sus derechos.
Ahora bien, en el marco de la campaña electoral y la búsqueda a muerte de los 10 millones de votos, Chávez se prepara para un nuevo acto demagógico y que tendrá lugar en la Sierra de Perijá. Esta vez los escogidos para la burla son los barÃ, esos mismos que se atrevieron hace un año a aguarle la fiesta del 12 de octubre.
En este sentido, se designó una comisión para la demarcación de los territorios barà en la Sierra de Perijá. Sin embargo, el equipo de medición y demarcación vino esta vez muy bien adiestrado; vale decir, esta vez no incluirÃan dentro de la demarcación ningún espacio de tierra en la que estuviera presente alguna hacienda o lote de minas, por lo que sólo llegó a medir aquellos pequeños espacios en los que los barà asientan sus casas y algunos pequeños conucos.
AsÃ, se presentaron primero a la comunidad de Aseinkaëg (RÃo Negro). Esta comunidad perdió a sangre y fuego prácticamente todo su espacio territorial con antiguos colonos y hacendados. Las ancianas se encargan de relatar cómo mataban a sus maridos e hijos, cómo algunos hacendados pagaban por los indios muertos, para lo cual, los verdugos debÃan presentar el par de orejas de los asesinados. Hoy, la comunidad de Aseinkaëg (RÃo Negro) sobrevive en apenas tres potreros dentro de una de estas haciendas. Las vÃas hacia el rÃo, los lugares de captura de las hicoteas y galápagos, asà como la montaña para la cacerÃa, todas están vedadas con alcabalas custodiadas por gendarmes contratados por los hacendados, por lo que esta comunidad apenas subsiste de sus pequeños fundos de yuca y plátano y sus jóvenes se ven en la obligación de laborar como peones de las mismas haciendas.
Al llegar la comisión, los miembros de la comunidad exigen medir e incluir como parte de sus territorios parte de algunas de las haciendas, pues, a fin de cuentas tal era su territorio ancestral del que fueron despojados a la fuerza. Pero como hemos dicho, esta vez el gobierno no estaba dispuesto a recibir protestas posteriores al acto demagógico; por eso, los comisionados se negaron tajantemente a atender la solicitud de los indÃgenas, pues sólo medirÃan el espacio que ocupaban, es decir, dos de los tres potreros, pues, el tercero, ya habÃa sido ocupado por el hacendado.
Sin embargo, y este sà que es el colmo, los barà de RÃo Negro les mostraron el tÃtulo agrario otorgado en 1973 por el Instituto Agrario Nacional sobre la totalidad de los tres potreros. A pesar de ello, los funcionarios les dijeron que ya el hacendado tenÃa derechos adquiridos y que, por lo demás, ese tÃtulo del IAN ya no servÃa pues era de la cuarta república y el que tendrÃa verdadero valor serÃa el que les diera Chávez en el acto del próximo 12 de octubre. En fin, a la comunidad de RÃo Negro Chávez le pretende entregar como totalidad de su territorio la dimensión exacta de dos potreros, ni siquiera los tres que ya los adecos les reconocieron del total del territorio que para los años 40 esta comunidad poseÃa.
Esta misma situación se repitió en la comunidad de Bagkúbarà y pretendieron repetirla en la comunidad de Kumanda, sólo que aquà se les reventó la cuerda. Si Aseinkaëg (RÃo Negro) habita en dos potreros, Kumanda apenas ocupa el espacio de uno en lo que fue hasta hace muy poco la gran hacienda El Edén. Por tanto, los comisionados llegaron a medir justamente la dimensión del potrero donde están las casas. Pero, fueron tan diligentes con los intereses del tercero (el hacendado), que en la medición dejaban dos de las casas barà fuera de la demarcación, es decir, no sólo medÃan el pequeño potrero sino que además se los achicaban aún más. La comunidad reventó en cólera y paralizaron la medición.
La protesta de Kumanda llegó a los oÃdos de los jefes en la ciudad y de inmediato se apersonaron al lugar, no para atender la demanda de la comunidad en cuanto a la exigencia de medir todas las haciendas que les rodean como su territorio ya autodemarcado, sino para tratar de convencerlos con la estratagema de que aceptaran el potrero ahora (Plan A, asà lo definieron los bastardos), y que posteriormente se medirÃan las haciendas y se les otorgarÃa un nuevo tÃtulo (Plan
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Kumanda se negó rotundamente y, no sólo exigió la medición de las haciendas sino que buscó a los hacendados para que directamente y en presencia de la comunidad negociaran con la comisión su salida de los territorios demarcados, previo pago de las bienhechurÃas, lo que éstos aceptaron. De esta manera, no tuvo otra alternativa la Comisión que hacer el amague de medir, pues, no culminaron la tarea y se retiraron con la promesa de regresar, lo que no hicieron.
En su defecto, una nueva comisión, esta vez apuntalada por el que parecÃa fungir como abogado de la misma, se presentó en Kumanda para convencer a los barà de aceptar el mencionado Plan A y Plan B; vale decir, quedó claro a los barà que el gobierno no está en la disposición de ejecutar la demarcación de acuerdo a lo que la propia ley dice, que no está dispuesto a sanear las tierras de hacendados y mineros para entregarla a sus legÃtimos y verdaderos dueños, sino que se trata de lo contrario; es decir, de sanearle de indios las tierras a los hacendados “productivos†y a los mineros.
La protesta de Kumanda se ha esparcido por todo el territorio barÃ, por lo que ahora se han sumado Karañakaëg, BagkúbarÃ, Aseinkaëg entre otras, y la exigencia es una sola: los barà exigen sus territorios limpios de hacendados y mineros. Para ello, exigen que el gobierno mida lo que ya ellos tienen muy bien autodemarcado, establezca los avalúos correspondientes a cada una de las haciendas incluidas en el territorio barà y pague a cada uno de los hacendados y parceleros lo correspondiente a sus bienhechurÃas. Finalmente, exigen la cancelación y revocatoria de todas las concesiones mineras otorgadas a transnacionales carbonÃferas, pues, ellos no aceptarán ninguna explotación minera en sus espacios.
El acto demagógico de Chávez fijado para el próximo 12 de octubre en la Sierra de Perijá, sus acólitos han terminado por resolverlo utilizando a algunos barà pertenecientes a la agrupación Asobariven, la que no tiene autoridad sobre las comunidades y, mucho menos, para firmar acuerdos o recibir en su nombre tÃtulos chimbos en los que se les despoja de sus tierras y se violan todos sus derechos. Sin embargo el gobierno parece decidido a realizarlo. Ya veremos. Lo cierto es que, de ser asÃ, el próximo 12 de octubre Chávez escuchará el verdadero grito de lucha de los barÃ, pues, ya este pueblo decidió tomar el camino que Kumanda ha señalado para todos los pueblos indÃgenas del paÃs. -
El camino de Kumanda (1)
@ martes, sep. 12, 2006 – 08:45:45
En la lucha por sus territorios:
Los barà y todos los pueblos indÃgenas de Venezuela seguirán el camino de Kumanda
José Quintero WeirI.- Los antecedentes.
En el marco del proceso constituyente de 1999, al arribar su Asamblea al capÃtulo correspondiente a los derechos de los pueblos indÃgenas el debate suscitado puso en evidencia el pensamiento eurocéntrico, neoliberal y racista que regÃa, no sólo en buena parte de los asambleÃstas sino que, asimismo, definió la esencia del proyecto constitucional chavista en su conjunto como el rumbo que en este sentido tomarÃa posteriormente el gobierno. Algunos diputados más que otros, se destacaron por su vena anti-indÃgena, ello, sin distingo de que fueran militantes del oficialismo o de la oposición, pues, en este punto, quedaba claro que ambos sectores coincidÃan en la decisión de que los derechos de los pueblos indÃgenas venezolanos deben ser regateados y minimizados hasta un extremo que les obligue a su desaparición cultural.
Tal coincidencia entre oficialismo y oposición quedó registrada en las declaraciones del General Visconti y Jorge Olavaria, por mencionar sólo a dos de los más prominentes representantes de ambos bandos. Estos llegaron a la conclusión de que no era posible reconocer a los indÃgenas la condición de pueblos, pues, ello implicarÃa el reconocimiento de su derecho a la autodeterminación y autonomÃa asà como de su legÃtimo derecho a poseer y administrar su propio territorio según el sentido de su cosmovisión y el desarrollo de sus formas de producción y cosmovivencia.
Sin embargo, también es necesario decir que sus argumentos se sustentaron en criterios de estudiosos e intelectuales tales como Luis Britto GarcÃa quien, entre otros, ha llegado a plantear en una burda manipulación retórica, la existencia de una especie de condición secesionista (casi por naturaleza) de los pueblos indios del paÃs. Tal visión pareciera reiterar una observación hecha por DÃaz Polanco, quien al respecto señala que, este miedo a la presencia autónoma de los pueblos indÃgenas está vinculada a “una obsesión polÃtica por el carácter “incompleto†o “inauténtico†de la nación misma, dada la persistencia de los grupos étnicos. Y (...) como corolario de lo anterior, la búsqueda afanosa de fórmulas que permitan “completar†o “integrar†a sociedades cuyo tejido es socioculturalmente heterogéneo, esto es, la observación de tal heterogeneidad como un estigma, como defecto de la nación que debe ser superado†(DÃaz-Polanco 1991:17). Un reconocimiento contrario según estos oficiosos intelectuales gubernamentales constituirÃa un severo golpe al cuerpo del Estado-nación o, por lo menos, a su inaceptable debilitamiento.
Si a toda esta retahÃla le agregamos el hecho del silencio cómplice y cobarde de una burocracia indÃgena encabezada por Nohelà Pocaterra asà como de otros allà presentes más por el dedo omnipotente de Chávez que por decisión autónoma de las comunidades y, quienes se encontraban más pendientes de la vigilancia de sus particulares beneficios que en abrir y profundizar un debate crucial para sus pueblos, queda claro entonces, tal como terminó siendo, que a los pueblos indÃgenas no se les reconocerÃa sino como culturas diferentes, con una lengua propia y unas tradiciones en un sentido casi folklórico pero jamás, en el sentido que la categorÃa pueblo posee en el derecho internacional y, por tanto, se consagró constitucionalmente la negación de su derecho a un territorio propio y por esta vÃa su derecho a la autonomÃa, su dignidad y libertad.
En su defecto y en consonancia con el razonamiento impuesto, la Asamblea Nacional Constituyente decide que estos pueblos, asà folclorizados, no alcanzan a tener derechos polÃtico-territoriales sino apenas derecho a un hábitat; es decir, a un espacio mÃnimo, suficiente para reproducirse biológicamente. AsÃ, sus derechos polÃticos quedan reducidos a la dudosa categorÃa de “usos y costumbres†los que han de ser ejercidos, únicamente, dentro de sus espacios territoriales asà reducidos; vale decir, dentro del hábitat que, a posteriori, y según los mismos criterios eurocéntricos, racistas y etnocidas, estos pueblos recibirÃan de manos del Estado.
En consecuencia, se hacÃa necesario definir cuáles y, sobre todo, hasta dónde alcanzarÃan a llegar estos hábitats, pues, asà concebida tal disposición no corresponde a un acto de justicia hacia los pueblos indÃgenas sino de alcanzar un objetivo fundamental para el Estado, como lo es, la necesidad de producir un reordenamiento del territorio en función de su planificación geo-económica y polÃtica en el contexto y, por imposición, de los intereses de la globalización.
Las disposiciones transitorias aprobadas por el constituyente establecieron un tope de dos años para la demarcación de los hábitats indÃgenas los que se contarÃan a partir de la aprobación de la Constitución en referendo nacional; por tanto, la fecha lÃmite de la misma estaba señalada para el año 2002. Sin embargo, el carácter globalizador y de polÃtica colonial interna se pone nuevamente en evidencia no sólo en el hecho del incumplimiento de tal disposición constitucional, sino que previo a cualquier intento por demarcar los hábitats indÃgenas se produce la aprobación de la llamada Ley de Tierras, la que sin lugar a dudas fija conceptualmente la orientación a seguir tanto para la dotación de tierras a los campesinos, como para el posterior proceso de la futura demarcación espacial indÃgena.
De esta manera, el soporte conceptual de la mencionada Ley de Tierras no será otro que el de la productividad, la que es colocada por encima de las necesidades de consumo interno, el mercado nacional o, mejor dicho, de nuestra soberanÃa alimentaria. Ello no significa otra cosa que la Ley de Tierras se hizo en función de una productividad medida según parámetros del mercado externo, la gran agroindustria y, por supuesto, de las inversiones transnacionales.
Ahora bien, aparejada con esta idea de productividad, Chávez y sus adláteres dejaron muy en claro, y asà lo refrenda la ley, que no habrÃa tierra para campesinos improductivos (léase invasores), por ello, cualquier invasión de tierras serÃa castigada, pues, según sus palabras: “no es posible la productividad en la anarquÃaâ€. AsÃ, el campesino “invasor†ha sido castigado con la pena de perder todo derecho a la tierra. Al mismo tiempo, el gobierno adelantaba aceleradamente el proceso de otorgamiento de nuevas concesiones de tierras, asà como el reconocimiento de anteriores adjudicaciones a grandes transnacionales mineras, madereras y de plantaciones para pulpa de papel, tanto en tierras altamente productivas y a las que aspiraban grandes poblaciones campesinas, sino también dentro de espacios territoriales indÃgenas aún por demarcar.Como muy bien puede observarse la demarcación territorial indÃgena desde su origen estaba sujeta desde el Estado; por un lado, a una concepción eurocéntrica, racista y etnocida según la cual, estos pueblos deben, obligadamente, desaparecer mediante un proceso de integración impuesto desde y por el poder del Estado. La aplicación del mismo supone mecanismos por medio de los cuales se les suspende jurÃdica, polÃtica y culturalmente la vida como naciones constituyentes de un Estado evidentemente plurinacional y aún, con una existencia previa al Estado mismo. Se trata, con todo, de una especie de colonialismo interno aplicado por el Estado y del que, tanto polÃticos de oficio, intelectuales de “izquierda†y “derechaâ€, asà como una dirigencia indÃgena burocratizada y vendida a intereses contrarios a sus pueblos se encargan de aprobar, justificar y hasta imponer a sus propios hermanos.
Por otro lado, la justa lucha que en defensa de sus territorios los pueblos indÃgenas venezolanos han venido pagando con sus vidas a lo largo de la historia, Chávez, tramposa y manipuladamente, muy bien que la hizo coincidir con sus propias ambiciones de permanencia en el poder y, en consecuencia, con el proceso impuesto por intereses financieros, industriales y energéticos transnacionales; por lo que, la demarcación de los territorios indÃgenas quedó asà atado a la llamada polÃtica de reordenamiento territorial, el cual está estrictamente vinculado a necesidades de ocupación de espacios ahora importantÃsimos para la inversión de capitales y el mercado mundial, lo que no significa otra cosa que el control de espacios de agua, energéticos y de biodiversidad por parte de las transnacionales y no a necesidades nacionales, mucho menos, a las necesidades de los pueblos indÃgenas venezolanos ancestralmente ocupantes de tales espacios y en los que han sobrevivido en virtud de sus economÃas autónomas y de subsistencia.
Perder de vista esta falla de origen tanto por parte de los pueblos indÃgenas como de sus aliados no indÃgenas, no sólo contribuyó a la fabricación y sustentación de una esperanza ficticia, un sueño de opio que el gobierno tenÃa bien claro jamás podrÃa ni querÃa cumplir, sino que con ello los pueblos indÃgenas y sus aliados se maniataron y desmovilizaron, contribuyendo por esta vÃa al fortalecimiento de los lazos entre el gobierno y la dirigencia indÃgena burocratizada y vendida; por lo que ahora, cuando el rostro neoliberal y etnocida del gobierno se muestra clara y contundentemente, tanto los pueblos indÃgenas como sus aliados, se encuentran en una posición de desventaja que los coloca en el disparedero de la emergencia organizativa y de lucha.
Máscaras han caÃdo. Rostros rotos han quedado en el piso de la historia. Corazones al descubierto que, tanto indÃgenas como aliados llegamos a considerar por momentos como hermanos en esta larga lucha se han desbaratado en el rigor de los acontecimientos. Pero no nos detengamos, pues, a pesar de ello y, para decirlo con palabras de un viejo indio yaqui: “no hay nada como estar entre la espada y la pared. Sólo cuando estamos entre la espada y la pared nuestro espÃritu se templa y se potencia en acciones increÃblesâ€, lo que es igual al decir de un antiguo canto de guerra añú: “Que no piense el enemigo que estoy muerto/ sólo porque me ve en el suelo de tierra/ sin respirar/ casi sin fuerzas. Sólo un pequeño aliento necesito/ sólo un respiro/ una palmada hermana en la espalda/ y/ la vida volverá a mà como una tromba/ de mi corazón brotará la palabra/ y de mi brazo/ la muerte a todos nuestros enemigosâ€. -
El espacio geográfico en la conformación de las cosmovisiones
@ domingo, sep. 10, 2006 – 15:10:14
Cuentan los añú que antaño, muy antiguamente, sólo agua habÃa en el mundo. Únicamente peces habitaban la tierra. No existÃan los hombres y, Sol y Luna circunvolaban las aguas marcando asà el tiempo y la vida de todo lo existente. Durante el dÃa, mientras Sol caminaba el cielo calentando el mundo, los peces huÃan a las profundidades, pues, él quemaba las aguas con su calor. Pero, al desaparecer Sol tras los últimos manglares y al emerger Luna en el horizonte, los peces, felices, ascendÃan a la superficie a disfrutar de la calmada frescura de su luz plateada sobre el oleaje.
Entre todos ellos, Cotà y Pámpano eran quienes más gustaban de ver la apacible luminosidad de Luna tan cerca de sus ojos. Era tal la pasión que sentÃan por esta visión, que todas las noches se iban hasta el mismo lugar en el que, afanados, saltaban una y otra vez, emergiendo por encima de las aguas y estirando sus brazos en un vano intento por atraparla, bajarla de las alturas y, asÃ, poder llevarla con ellos al fondo de la laguna.
Esto hacÃan todas las noches. Hasta que una de tantas, Luna se percató de sus deseos. Entonces, cuando Cotà y Pámpano comenzaron a saltar fuera del agua, Luna los transformó en el instante y fue asà que Cotà se hizo hombre y Pámpano mujer. Desde ese momento y para siempre, allà sobre las aguas quedaron, viviendo entre los manglares, alimentándose de sus propios hermanos: los peces. Fueron éstos los primeros añú que emergieron al mundo y, el lugar del que brotaron como gente fue para siempre a’inmatualee.He allÃ, lo que pudiéramos considerar el Canto de Origen del pueblo añú. Su relato nos habla de las condiciones, momento y lugar en el que, por obra del mito, se produce el nacimiento al mundo de los añú. La historia, forma parte del conjunto de cantos (areei) que conforman lo que la comunidad suele denominar como El Gran Canto de a’inmatualee , del que podemos decir, constituye la relación o, mejor aún, la memoria general de los hombres de agua. Se trata, pues, de una de las narraciones más significativas para la comunidad. Más, no sólo por ello hemos querido iniciar nuestro estudio con su palabra.
Es de advertir que no pretendemos en esta parte ni en el trabajo como totalidad, hacer un análisis exhaustivo de la mitologÃa añú y demás pueblos de la cuenca; sin embargo, este relato y otros a los que más adelante recurriremos, nos son pertinentes al propósito que nos ocupará en las páginas que siguen; propósito el cual es, demostrar la extraordinaria importancia que para el proceso de conformación y desarrollo de las cosmovisiones, tienen las relaciones que los grupos humanos establecen con el espacio territorial en el que se despliegan como cultura.
Es decir, para nosotros los llamados “mitos†no constituyen únicamente, narraciones fantásticas producto de la imaginación creadora de los pueblos, pues, no puede negarse que tales narraciones poseen una envoltura que se afinca en determinaciones histórico-geográficas y sociales que hacen posible su validación social y por esa vÃa, su persistencia histórico-cultural como expresiones de aquello que las culturas asumen como su esencialidad; o mejor dicho, como aquello que define y orienta su existencia.
Para decirlo con palabras de R. Caillois, “los datos históricos y sociales constituyen el envoltorio esencial de los mitos (...) estas determinaciones históricas y sociales (agreguemos las geográficas), solamente pueden actuar exteriormente; son si se quiere, los componentes externos de la mitologÃaâ€; ello por cuanto, las narraciones mÃticas, vale decir, la mitologÃa, se ubica en “un más allá (o si se quiere un más acá) de la fuerza que impele al ser (social) a perseverar en su ser, más allá del instinto de conservación†.
Pero además de lo anterior, es evidente que se trata de elaboradas construcciones verbales, transmitidas y preservadas por una tradición oral en la que, las culturas, lingüÃsticamente hablando, elaboran y expresan la relación entre las formas de sus lenguas y las perspectivas de visión del mundo desde las que, no sólo hacen posible el relato en sà mismo, sino el por qué éstos se constituyen en su representación histórico-cultural y social pasada, presente y futura. Vale decir, nuestro constante recurrir a las narraciones mÃticas de los diversos grupos indÃgenas de la cuenca del Lago de Maracaibo en permanente contrapunto, metodológicamente responde a dos razones que nos son fundamentales: en primer lugar, éstas se constituyen a partir de determinaciones históricas, geográficas y sociales que envuelven sus fantásticas tramas produciendo asÃ, la validación social del texto como expresión genuina de la cultura; y, en segundo lugar, por cuanto se trata de las elaboraciones de la lengua donde las culturas despliegan sus particulares perspectivas de visión del mundo, todo lo cual, tendrá expresiones concretas en sus diferentes organizaciones sociales; vale decir, son expresiones de sus cosmovisiones que de esa manera orientan sus respectivas cosmovivencias.
En este sentido es de notar la relación establecida en el canto entre peces y hombres, mediada por el mágico acto de transformación realizado por la luna. La asignación de la capacidad de transformar peces en hombres fija la imagen de la condición divina del cuerpo celeste; por demás, estrechamente vinculado al movimiento de las aguas y, por tanto, a la escasez o abundancia de pesca; por lo que su construcción simbólica como dadora de vida y benefactora de la supervivencia añú, no puede ser desprendida de lo que la cultura entiende como trascendental elemento constituyente de su hacer o wakuaipawa: el pescar. Decimos se trata de un elemento del hacer por cuanto, tal como veremos más adelante, para los añú, asà como para otros pueblos amerindios de la cuenca del Lago de Maracaibo, el hacer no sólo se conforma mediante acciones inducidas por necesidades materiales o, que estén dirigidas hacia lo material, pues, el hacer material siempre estará en relación inseparable con un proceso de construcción simbólica que, igualmente, lo constituye como compleja totalidad.
Esto es importante, por cuanto, no queremos caer en la trampa dualista en la que por mucho tiempo; tanto la antropologÃa como los estudios literarios, etnológicos y etnolingüÃsticos se han enredado, y que tiene que ver con la mecánica separación entre lo material y lo simbólico. Nuestro interés es otro. Partimos de la consideración de que toda realización social sólo es posible mediante operaciones que involucran de manera simultánea ambas instancias; por asà llamarlas, lo que está en directa relación con los miembros componentes del proceso; es decir: los hombres y el mundo. AsÃ, dado que “la naturaleza forma parte de la materialidad que constituye el espacio geográficoâ€, debemos entender que “los hombres y las mujeres sólo se apropian de aquello que tiene sentido, sólo se apropian de aquello a lo que atribuyen significación y, asÃ, toda apropiación material es, al mismo tiempo, simbólica†. Vale decir, toda apropiación material es, al mismo tiempo, lingüÃstica.
De tal manera que, no se trata solamente de evidenciar o explicar el proceso de asentamiento material de los hombres de agua y otros grupos de la cuenca del Lago en sus respectivos espacios territoriales, sino igualmente, de la configuración de aquello que señala el punto de vista o perspectiva desde la cual el espacio es entendido como tal, asà como las relaciones con él establecidas; todo lo cual se constituye en soporte generador del proceso de conformación de sus visiones del mundo y, por ese mismo camino, de la forma en que socialmente se organizan y expresan en su habla y en su hacer como una totalidad: material y simbólica.
Dicho de otra manera, del relato en cuestión podemos extraer; por una parte, el sustento imaginario de la ocupación territorial, entendiendo a ésta última no sólo como la ubicación o fijación del grupo humano en un espacio geográfico determinado y cuya elección se produce, tanto en base a la capacidad del mismo en soportar la sustentabilidad material del grupo, sino también y al mismo tiempo, en su capacidad de generar significaciones captadas y reelaboradas por la imaginación de los hombres y las mujeres que con él se relacionan, pues, tal como bien señalara Bachelard: “El espacio llama a la acción y antes de la acción la imaginación trabaja†.
Por otro lado, es posible precisar el punto de vista desde el cual el espacio geográfico es nombrado o, mejor, la perspectiva desde la cual es entendido y expresado por la cultura. Y, esto es asÃ, por cuanto sabemos que, “Al ver, imaginar y nombrar las cosas por los nombres que les damos, manifestamos una perspectiva determinada de enfocar, captar, representar, explicar y analizar la realidad de parte de nosotros los hablantes†. Es por ello que las palabras que usamos, los nombres que damos, no sólo dicen o nombran cosas, sino que igual constituyen la imagen y expresión de la manera en que vemos esas cosas y lo que ellas significan para nosotros. Pero, de la misma forma, tal perspectiva está en estrecha relación con el espacio que, de esa manera es territorializado a través de un conjunto de correspondencias que la sociedad humana en constitución establece con su espacio territorial, las que sostienen o, sirven de sustentación, a sus particulares cosmovisiones.
En este sentido y regresando a nuestro primordial canto, el hecho marcado con énfasis en el que los personajes-peces evidencian su enorme placer por la imagen generadora que acaba por convertirse en pasión, de lo que pareciera estar hablándonos no es sólo del poder de la imagen como tal, pues, como bien señala Durand: “El agua, al parecer, constituye el espejo originario. Lo que nos impacta tanto como el simbolismo lunar†; sino que en el relato, la pasión impulsa a la acción y ésta al emerger que asà se configura como punto de origen de la perspectiva desde el cual, es en el emerger donde y cuando ocurre la transformación mediada por la divinidad lunar; de esta manera, los emergidos humanos se hacen hijos y, por consiguiente, eternos habitantes de las aguas.
Ahora bien, de lo anterior podemos aún precisar dos aspectos relevantes a nuestra idea del emerger como lugar y tiempo en la construcción de la perspectiva desde la cual se conforma la cosmovisión añú, a saber: queda claro que la metamorfosis mÃtica pez-hombre sólo ocurre en el exacto instante del emerger, por lo que más bien parece tratarse de un nacer al mundo. Esto mismo supone la previa consideración femenina de las aguas. Tal consideración pareciera constituir un arquetipo presente en diversidad de mitologÃas, lo que puede ser muy bien comprendido en tanto que, y valiéndonos nuevamente de Durand, “lo que constituye la irremediable femineidad del agua es que la liquidez es el elemento mismo de la menstruación (...). Es lo que confirma la relación frecuente (...) del agua y la luna†–y reafirma- “las aguas están ligadas a la luna porque su arquetipo es menstrual (...). La mayorÃa de las mitologÃas confunden las aguas y la luna en la misma divinidad.(...) La luna está indisolublemente unida (...) a la femineidad y, precisamente, a través de la femineidad llega al simbolismo acuático†.
En segundo lugar y en inmediata correspondencia con lo anterior, el hecho de emerger (-ou-) o ser emergidos los convierte no sólo en habitantes sino muy particularmente, en los hijos de las aguas madres, lo que sin lugar a dudas va a constituir una condición que determina la perspectiva desde la cual es comprendida la relación con el espacio habitado. Relación que se entiende como de pertenencia y no como apropiación. La relación de pertenencia consecuencia del emerger, se constituirá en principio angular de la cosmovisión añú orientando desde allÃ, su lengua, su palabra y, por ende, el hacer que los hace, es decir, su wakuaipawa.
El emerger como hijos de las aguas es entonces aspecto fundamental en la conformación de la cosmovisión. Ésta, a su vez, orienta la configuración del sistema de la lengua y, asimismo, se expresa en una manera de vivir y convivir que le es correspondiente en el proceso de despliegue de la cultura; esto es, un decir y un hacer desde la perspectiva en que el mundo y el espacio territorial es visto, sentido, captado e interpretado por el grupo. Pero igualmente, todo esto conlleva a un autoconocimiento y una autodefinición que generalmente se manifiesta en un autonombrarse.
Asà por ejemplo, añú, palabra mediante la cual se autonombran y autodefinen los hombres de agua, está dirigida al sentido de registrar la acción de emerger, en tanto que añú deviene de la palabra-frase ayou, cuyo significado se refiere a la acción de “arribarâ€; “brotarâ€; “emergerâ€; “hacerse presente†en el mundo. Es de destacar como fenómeno común en la lengua el cambio fonético que permite sustituir una palatal sorda “y†por la palatal nasal “ñâ€. Asimismo, la elisión de la vocal “o†en el verbo –ou- se produce por efectos de la nasalización al final de palabra generado por el hecho de la obligatoriedad en mencionar mediante el pronombre personal, al sujeto que habla o a quien se refiere en la frase. Vale decir, nunca se dice la palabra añú por sà sola sino que ha de decirse, por ejemplo: “añun teâ€; “añun piáâ€; “añun weâ€; es decir, “gente yoâ€; “gente túâ€; “gente nosotrosâ€, según sea el caso.
Sin embargo, las anteriores corresponden más bien a traducciones, digamos, genéricas, pues, si nos atenemos al significado profundo de las frases deberÃamos traducirlas más bien como: “presente yoâ€; “presente túâ€; “presente nosotrosâ€, traducción que serÃa más acorde con otro de los aspectos fundamentales de la cosmovisión añú y que igualmente está vinculado a la noción de emerger, nos referimos al principio del estar. Según este principio todo aquello que se hace o está presente en el mundo ha sido producto de un emerger y, en tanto que está en el mundo, posee un particular hacer que no sólo lo define en relación a los demás seres que están sino que presenta a todos los elementos del mundo como definitivamente vivos. De tal manera que al decir “añun we†no sólo se está refiriendo a la condición de seres humanos, sino que además están presentes como vivos por su estar y su hacer, y, todo ello, por cuanto han emergido.
Como se observa entonces, la autodefinición añú está en relación directa con la acción de hacerse presentes en el mundo, lo que se produce a través del emerger. Sin embargo, es importante señalar que en el canto, la decisión de emerger humanos no está en manos de los personajes, lo que de alguna manera vamos a encontrar manifiesto en la forma en que la lengua expresa la acción del emerger en el habla cotidiana.
Asà por ejemplo, la norma de cortesÃa establece que a la llegada de un visitante el saludo le corresponde en primer término al visitado, quien, de no hacerlo, da por entendido que la visita no es bienvenida o de su agrado, cuestión que el visitante comprende sin necesidad de explicaciones adicionales. Pero en efecto, ante la presencia del visitante en el muelle o planchada de la casa del visitado éste exclama:
- ¡ayou piá? “llegasteâ€; “arribasteâ€; “te presentas tú†o la castellana comúnmente usada: “boyasteâ€
- aa. Ayou te. “Si. Lleguéâ€; “arribéâ€; “presente yo†o sencillamente “boyéâ€.
Si observamos con cuidado podemos darnos cuenta que en ambas frases (pregunta y respuesta) el pronombre personal se ubica al final de la frase. Ello se debe a que el verbo de la acción –ou- corresponde a lo que Lenkersdorf denomina como “verbos vivencialesâ€, que son aquellos que obligan al sujeto a vivenciar la acción más que a ejecutarla. AsÃ, en la lengua añú, la ubicación del pronombre en posición posterior a la frase verbal es generalmente indicativo de que nos encontramos en presencia de un verbo de esta clase. En todo caso, el sentido de la frase está dirigido a enfatizar que el sujeto no ejecuta la acción sino que la vive, o, por mejor decir, la experimenta; por lo que para el caso que nos ocupa, la acción de hacer emerger se presenta tácitamente vinculada a otro sujeto agente que para los añú vienen a ser las aguas, espacio territorial al que por demás pertenecen y han habitado milenariamente en la cuenca del Lago de Maracaibo.
AsÃ, tanto en su autodefinición como pueblo como en el despliegue de la misma en su cotidianidad, hay una fuerte ligadura con la ubicación espacial que no podemos pasar por alto, pues, es por esa vÃa como el espacio es asumido y representado como territorio por la cultura. El espacio territorial no es “apropiado†como mero lugar de sustentación material sino como origen mismo de su existencia y, por lo mismo, cargado de un sentido que hace posible el despliegue y persistencia de la cultura.
En esta primera parte, intentaremos hacer explÃcita esta relación en la que, la particularidad de las cosmovisiones está ligada al proceso de territorialización que las culturas de la cuenca del lago han realizado a lo largo de su historia.
